Primera publicación de una antigua historia que surgió un día de máximo estrés mental.
Rendezvous
[Encuentro] -*-
Capitulo 1
Diabolo ~Lucifer~
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Largas y frondosas ramas se azotaban contra
sus vecinas en una fría noche de invierno donde nubes grises ocultaban poco a
poco la belleza de las estrellas.
Las pocas luces que aún continuaban
encendidas comenzaban a apagarse una tras otra, permitiendo que la oscuridad
junto al silencio reinaran en el pequeño pueblo.
La quietud fue interrumpida por el sonido de
los cascos golpeando las calles de piedra. Un caballo negro como la noche,
galopaba rápidamente por la tranquila y larga vía.
Inesperadamente pequeños copos de fría nieve se
dejan caer dejándose llevar con la briza.
Una triste tonada creaba el viento...
El caballo se detiene frente a un gran jardín,
el cual a simple vista, se veía sin cuidado aparente. A lo lejos una gran
puerta de madera se alza.
El rechinar de los engranajes de una antigua
reja oxidada junto con el golpe de unas pesadas botas se dejan oír por el
lugar, transformándose en pasos con dirección hacia la vieja puerta, lentos en
un comienzo, procurando observar todo lo que rodeaba el lugar, atento a todo lo
que podría suceder.
Una vez más tranquilizado se apresuró
permitiendo que su largo cabello fuera envuelto por el viento. Sus pies se
golpearon tenuemente al detenerse frente a la gran puerta enmohecida.
El eco de la pesada estructura al moverse,
inunda el lugar, dos manos se posan sobre la fría cubierta de madera corroída
por los años. Sin esperar más, comienza a empujar causando que esta por la
presión rechine, y termine cediendo para suerte del visitante.
Un aroma a humedad y polvo se mezclan con la
brisa helada de la noche.
La esbelta figura entra por el pequeño
espacio, esparciendo un poco de la helada nieve por todo el lúgubre y oscuro
lugar.
Solo sombras lo rodean.
Ante la completa oscuridad reinante, estira
su brazo y comienza a tantear tratando de llegar a algo con que poder guiarse,
sin esperar más, permite que sus manos lo lleven por el enorme lugar
Gracias a la oscuridad, lo inunda la
sensación de que el lugar no tiene final y es absorbida por las sombras, tanta tranquilidad
lo desespera, causando que sus sentidos sean oprimidos por la adrenalina.
Sus manos encuentran algo que les corta el
camino, sus dedos lo rodean tratando de identificar el obstáculo, pero este cae
causando un gran estruendo, dejando todos sus sentidos alerta.
Camina y camina... pero pareciera que no
tuviera fin aquel gran laberinto en el que se había internado en esa fría noche
de invierno.
Alguien está observándolo, lleva su mano a su
cintura... ¿o se ha equivocado? ya no recuerda donde tiene sus manos y no
recuerda si llevaba algo con que defenderse...
La oscuridad comienza a jugar con sus
pensamientos y lo descoloca, era una presa fácil para cualquiera que intentara
atacarla.
Para en seco y trata de relajarse... un aroma
que había pasado desapercibido inunda su mente....
...Sangre... Trata de guiarse por este dulce
aroma...
Paso a paso... su mente comienza a jugarle
algunas malas pasadas logrando que se preocupe...
Paso a paso... no encuentra final para su
gran e interminable laberinto...
Paso a paso...
El aroma a sangre es aún más potente cuando
se piensa en ello...
Algo llama su atención....un poco de luz a lo
lejos entra por una roída cortina que oculta una ventana. Rápidamente llega a
ella para tirar con fuerza, el sonido de la tela siendo rasgada comienza a
llenar el lugar.
Antes de que la tela podrida terminara de
romperse y los adornos de esta cayeran al piso, la luz inunda el lugar
despejando sus sentidos.
Una gran sorpresa lo estaba esperando...
Gruesas cadenas enmohecidas sostenían por
brazos y piernas a una figura de cabellos largos que se encontraba en la mitad
de lo que parecía ser un calabozo...
Innumerables escaleras conducían hasta el
maltrecho cuerpo.
Sin miedo comenzó a caminar hacia la persona,
pero antes de que lograra llegar a él, este comenzó a moverse...
Lentamente levanto su cabeza, la cual se
encontraba tapada por sus cabellos los cuales inundaban el piso.
El sonido de algo rompiéndose lo
sobresalto...
Había pisado un hueso...
Retiro la parte de la capa que tapaba su
rostro dejando caer una melena espesa y ondulada, el semblante de una joven
mujer lograba apreciarse caminando con paso decidido hacia el cuerpo que se
encontraba esperándola, unos pasos más y estaría junto a él....
Al estar dos pasos de distancia lo observo
unos momentos hasta que la persona bajo ella comenzó a moverse, el sonido de
las cadenas inundo el lugar, pero estas hicieron presión en el cuerpo maltrecho
haciendo que cayera al piso y que sus heridas sangraran nuevamente, ahora el
olor a sangre era más potente.
- No deberías moverte… Esas cadenas se
aferran más a tu cuerpo... - Lleva sus manos al broche de su capa. -
Maldición... quién diría que tú estarías en este estado. - Se arrodilla frente
al cuerpo - Levanta tu rostro, déjame ver nuevamente tus ojos. - Este levanto
lentamente la cabeza, la mujer lo tomo entre sus manos percibiendo la baja temperatura de aquella
persona. Mientras una lo sostenía, la otra despejaba su cara acomodando el
largo cabello que se enredaba entre todo lo que había cerca. - Cuantos siglos
han pasado mi señor... - Toma su capa y la pasa por el rostro. - ¿Por qué no te
has curado?... - Con cuidado lo suelta para así llevar sus manos a su cintura
en busca de una botella. - Primero lavare tu rostro y te daré de comer, después
te sacare de esta prisión... -
- No tienes por qué hacerlo... Yo no soy nada
más que escoria en este mundo. - Hunde su cabeza entre la espesa cabellera que
cubre su cuerpo. - Yo fui castigado por vivir mi deseo... aun no término de
pagar por mi error.
- Se equivoca... - Toma una navaja y corta un
poco de cabello. - ¿Desea verse como siempre o un nuevo corte? - El silencio
inundo el lugar. - Tomare eso como una respuesta.
- ¿Por qué estás aquí? - Una cálida mano
recorre su frio rostro calmando un poco de su sufrimiento. Nunca pensó que la
compañía de alguien o algo, sería tan preciada para él. - Si te descubren te
colocaran en un calabozo.
- Mi señor, eso ya no pasara. Nuestra
gobernante a perecido... - Las cadenas comienzan a sonar descontroladas
mientras la figura oprimida por ellas se incorpora lentamente. - Drean nuestra
"reina" ha dejado de existir para todos... - las velas comienzan a
encenderse una a una. - No se sabe cómo ocurrió... pero su esencia ha dejado de
ser percibida por los nobles, solo quedan tres reyes, podemos comenzar con todo
nuevamente mi señor. - Las murallas enmohecidas y las cortinas desteñidas por
el tiempo comenzaban a llenar el lugar de un cálido y a la vez acogedor calor.
- A nacido un rumor sobre Drean... se dice que entrego su vida a dos niñas...
si las encontramos antes de que ellas sepan que es lo que tienen dentro, o
antes de algún guardián... podremos dominar el gran poder que la reina tenia.
- Drean... mi opresora, ha dejado de existir
como su majestad y ahora es la "vida" de unas niñas... - Se sienta en
el piso. - Mi prisión debería dejar de tener el poder de antes y podría salir
cuando quisiera de este lugar...
- Así es mi señor... - Se arrodilla frente a él.
- Yo me he encargado de liberar los
sellos de todos los caídos hace mil siglos... - Levanta su mano. - Nuestro
signo... la estrella con la cruz espinada... ha vivido nuevamente mi señor.
- Lumiere...
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- ¿¡¡Donde
esta!!? - Un hombre con armadura entraba causando un gran estruendo en el
hermoso palacio. – ¿¡En qué lugar se encuentra Asriel!?
- Mi señor Zere, tranquilícese... el amo
Asriel está preparándose. - Una hermosa mujer pelirroja de esbelta figura se
encontraba en el marco de una gran ventana con vista a los rosales del gran
jardín. - Recuerde quien es Asriel.
- Dali, no necesito de tus trucos ahora,
necesito que Asriel se mueva de inmediato. - Busca algo en el bolsillo de su
chaqueta. - Esto es lo único que necesitan para encontrar a esas niñas. - Toma
la perilla de la puerta. - Nosotros los nobles nos encargaremos de Eudel.
- Van por la presa difícil, en vez de buscar
a las pequeñas. - Zere clava su espada en la muralla cercana a la cabeza de
Dali. - hum… ¿Eso es todo?
- No te burles maldita hibrida... - Un poco
de cabello plateado cae por su frente despejada. - No me hagas perder el tiempo
contigo.
- Es usted el que decide en que ocupar su
tiempo, señor... - Lo mira con arrogancia. - Si me permite, Asriel nos está
observando. - Zere gira su cabeza para comprobar cómo Asriel se encontraba
parado frente a ellos arreglándose las mangas de su impecable traje de seda
negro. - Te has demorado demasiado. - Delicadamente aparta a Zere de su lado y
camina tranquilamente hasta donde este.
- ¿Qué es lo que necesita mi señor Zere? -
Dali se coloca tras de él con la cabeza gacha. - No es necesario Dali. - Esta
se aleja un poco más mirando el piso.
- Deberías saberlo Asriel. - Saca su espada
de la muralla y la guarda en su funda. - Drean debe ser encontrada cuanto
antes, junto a Eudel y su sequito... - Busca algo en su chaqueta. - Su señoría
Drean, antes de irse dejo una carta dirigida a Lilim. - Saca el sobre de su
bolsillo interior para dejarlo sobre la mesa. - Ahora todos debemos seguir las órdenes
de Kyrie, y esta es encontrar a Drean en el estado que este y encarcelar a
"Lumiere"
- Lumiere... - Camina tranquilamente hacia la
mesa donde se encontraba el pequeño colgante. - Dali, lleva esa carta a manos
de Lilim, y reúne a los demás.
- Si mi señor. - Invoca la carta a su mano y
se retira del lugar.
- ¿Cuándo escapo Eudel? - Toma el colgante
con su mano derecha, mientras que con la izquierda lo gira para observarlo
mejor. - Si no mal recuerdo su calabozo estaba muy bien vigilado por los
hombres de Gar, el superior de las fuerzas.
- Rosier se encargó de todo.
- ¿Rosier? - Guarda el colgante en su
bolsillo. - ¿Dejo a Nia?
- Nia desapareció junto a ella. - Se cruza de
brazos. - Al parecer no resistió estar sin su hermana mayor. Rosier cumplió su
condena con ayuda de esta y antes de que Dream desapareciera ambas ya no
estaban.
- Me lo esperaba de Rosier... pero pensé que
Nia estaba decidida a no ser parte de la rebeldía de su hermana. - Saca un par
de lentes de su bolsillo para colocarlos en su lugar. - Su posición como jueza
no le permitía desequilibrarse.
- Al parecer nos engañó a todos... o esto es más
grande. Gran parte de los nobles está dudando en perseguir a Eudel ahora que
nuestra señora ha desaparecido. - Arregla sus ropas y se dirige a la puerta. -
Es su misión y deber encontrar lo que queda de nuestra señora. Si el orden no
regresa a nuestras vidas, el Eden como lo conocemos será nuevamente corrompido
por el demonio...
- Pero ese demonio, es alguien importante
para nuestra señora... - Arregla su cabello. - Se perfectamente lo que debo
hacer Zere, si me disculpa debo infíltrame. El encargado de Benigma será Abel.
- No sé cómo puedes continuar confiando en
Abel, en cualquier momento podría ir con su hermano. - Abre la puerta.
- Mientras no lo haga, continuara siendo de
confianza.
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“Vamos, vamos, acércate, mira,
¡Damas y caballeros!
Esta noche, te presento a ti, cariño
¡Todo aquí está lleno de amor, disfruta!
"
La brisa mecía su largo cabello castaño, al
igual que las grandes nubes del firmamento. Blancas flores cubrían un gran
prado en una alta colina.
"Por tus sueños, por tus ilusiones,
¡Hagamos un brindis!
Mira, los ángeles lloran."
Frente a ella otra chica idéntica la
observaba tristemente, las flores bajo ella se teñían de rojo... el prado se
secaba y el polvo se levantaba cubriendo su ropa y su cabello.
"Ah, estoy cubierto de sangre
Esta noche nuevamente.
Las alas del demonio
Son azules aterciopeladas, cariño."
Un ser envuelto en una potente luz blanca se
acerca a ellas y las observa con tristeza. Se arrodilla entre ambas y estas la
observan. - Mis pequeñas… lamento mucho que deban separarse, pero el destino ya
está escrito. Les prometo que ambas podrán vivir nuevamente. -
"Por tu oscuridad,
Por la oscuridad que hay en ti
¡Hagamos un brindis!
Hasta que la última gota
De nuestra sangre se haya ido."
La luz se desvanece y una mujer de largos
cabellos dorados comienza a desvanecerse una de sus partes se transforma en
pétalos, mientras la otra se transforma en sangre.
- Alice... tu vida será bendecida con la
bondad y con la llegada de una nueva familia. -
Los pétalos envuelven a la pequeña que ríe
mientras trata de atraparlos. A su vez la otra pequeña la observa con envidia.
Una de sus manos se cierra formando un puño, clavando sus dedos en la tierra
que se pudre a sus pies y se mezcla con la sangre.
- Anie... Tu corazón se corrompió antes de
morir, tu destino ya se selló en una dirección opuesta a la de tu hermana, tú
me consumes sin que pueda evitarlo. Mi sangre es drenada de mi cuerpo que se
disuelve y trata de ser puro como tu hermana. -
"Por tus sueños,
Por tus ilusiones.
¡Hagamos un brindis!
Hasta que las lágrimas se sequen.
Adiós,
Adiós."
Anie se pone de pie tomando una pesada
piedra, antes de poder golpear con esta a su hermana la pequeña pradera en la
que están comienza a desmoronarse, Alice se eleva jugando y riendo, mientras
Anie se hunde siendo corrompida por la oscuridad.
Por tu oscuridad, por la oscuridad que hay en
ti
¡Hagamos un brindis!
Hasta la última gota de sangre.
Por tus sueños, por tu oscuridad,
¡Salud!
- Morirás Alice... - Sus ojos verdes la
observan mientras plumas negras se enredan en su cabello.
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El eco del "Tic-Tac" de un gran
reloj se escucha por toda la casona. En una pequeña cama una niña descansa, su
rostro cubierto con algunos parches y uno que otro corte comienza a moverse en
su cama.
Un joven de cabello negro levanta la vista de
un grueso libro fijándola en la pequeña intranquila. - joven, debemos ver que
le... - Este levanta una mano y les ordena retirarse. - Pero señor, la pequeña
parece estar sufriendo.... -
- Retírate, yo me encargare de ella. - Deja
su libro en una mesa y se incorpora para dirigirse al lugar donde se encuentra
la pequeña. - Retírense. - Unos fieros ojos rojos las alejan.
- mmm... - Pasa su pequeña mano por su
rostro. - Tengo sed... - trata de abrir sus ojos, los cuales se cierran de
inmediato ante la luz que les es molesta.
- Despierta. - El joven se sienta junto a
ella y toma uno de sus brazos. - Debes alistarte. Tenemos que salir de este
lugar.
- ¿Donde esta mamá...? - Trata de levantarse
obteniendo un fuerte dolor en su cabeza, lo cual la hace llorar. El joven la
observa y espera a que esta se calme. - Quiero a mi mamá. - Se sienta con
dificultad y abraza sus piernas.
- No tenemos tiempo para perderlo con
tonterías. - La pequeña levanta su cabeza. - ¿Qué quieres? ¿Que no me oíste?
dije que teníamos que partir. - La niña lo observa seriamente.
- No tengo por qué hacer caso de un extraño.
- El candelabro que estaba a un lado de su cama se triza. - Quiero a mi mamá
ahora.
- Tu madre está muerta. - Cierra sus ojos
respirando profundamente. - Date prisa y vístete. - Se acerca a ella y la
destapa. - Ahora. - Su mirada de superioridad provoca que la pequeña lo observe
con una desafiante, ante esto el joven toma un frasco con agua que está cerca
de él, saca un paño de ella y lo coloca en el rostro de la pequeña. - Al
parecer nunca has hecho caso de lo que tus mayores te dicen. - Deja el frasco
en su lugar. - Esperare afuera 5 minutos. Es todo el tiempo que necesitas para
ponerte la ropa. - Se da la vuelta saliendo por una pequeña puerta. - La niña
se queda mirando el lugar.
- ¿Quién es mi mamá? - Abraza sus piernas. - ¿Que
tengo que hacer...Anie...?
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- Señor, ya estamos por llegar a la
residencia. - El conductor de la carroza deja el látigo a un lado y comienza a
relajar la caminata de los caballos. - Esta noche será muy fría al parecer. - Las
hojas de los árboles caían por las frías calles de Inglaterra.
- Así parece... El frio acabara con los
vagabundos esta noche. - Arregla sus ropas y observa a la niña que mira
silenciosamente el paisaje. - ¿Tienes frio Alice? - Esta gira su cabeza.
- ¿Cómo sabes mi nombre? - El joven pasa una
de sus manos sobre el pelo de la chica para arreglarle algunos cabellos
rebeldes.
- Alguien me lo dijo. - La pequeña toma la
gran mano del joven y la deja a un lado. - Mi nombre es Duv. Lamento haber sido
tan brusco cuando nos conocimos. Pero no teníamos mucho tiempo. - La pequeña se
queda en silencio mirando el camino. -
Debes descansar bien esta noche, mañana será un día muy agitado. - El
carruaje se mueve de manera brusca indicando que ya estaban dentro de la
residencia. - Me pregunto cuándo repararan las fallas de la entrada.
- Esperemos que algún día las reparen señor.
- Comento con despreocupación el cochero.
- Bien llegamos, vamos. - Abre la pequeña
puerta y desciende del carruaje. - Ven. - Extiende la mano para la pequeña.
Esta lo observa y la toma. Al descender el murmullo del viento le hace llegar
voces lejanas a sus oídos, sus cabellos se revuelven con la suave brisa.
El sonido de las hojas cayendo y siendo
aplastadas la relaja, bellas flores rodean el camino de piedra que lleva a una
gran pileta, con la estatua de un ángel con la lanza en sus manos. Antes de
dejarse cautivar por las exóticas plantas, el sonido de la madera rechinando la
despierta de su mundo imaginario.
- Bienvenido señor. - Dos jóvenes lo esperan
para tomar sus abrigos y guardarlos. - ¿Desea algo de tomar o comer?
- No se preocupen por mí, traigan algo de
comida para la niña. - Cierra la puerta. - ¿Él ya está aquí?
- Lo lamento señor, el señor Asriel llamo
informando que aún le faltan tramites que hacer. - Busca entre sus ropas. - Un
poco antes de que llegara esto fue dejado por un chico. - Le entrega un sobre.
- Gracias. - Guarda la carta en el bolsillo
de su camisa. - Alice, ven. - Comienza a caminar siendo seguido por la pequeña.
- Esta será tu casa, te mostrare cuál es tu cuarto. - Luego de subir una gran
escalera de mármol y caminar por un largo pasillo, llegan a una puerta. - Aquí
es, este será tu cuarto. - Abre la puerta. - Espero te guste.
- ¿De verdad todo esto es para mí...? - Una
gran cantidad de muñecas y juguetes llenaba el cuarto junto con grandes muebles
y un espejo de cuerpo completo. - ¿No tiene problemas porque este aquí?
- Claro que no, que te parece si te colocas
algo cómodo mientras esperas que tu comida este lista, si lo deseas puedes
darte un baño.
- Gracias... - Se
adentra en el cuarto.
- Bueno estaré en
mi estudio, si necesitas algo tira de ese cordel. - Observa el lugar por última
vez. – Bueno, nos vemos. - Cierra la puerta.
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- Tendré que
darme prisa antes de que el frio me debilite. - Un elegante hombre de cabellos
castaños se paseaba alegremente mientras observaba los escaparates llenos de
trajes y uno que otro juguete, de las elegantes calles de Inglaterra. - Es
mejor que llegue con un vestido para la dama. Si lo que dijo Abel era verdad,
una vez en su cuarto una memoria nueva seria implantada. - Lleva su mano al
bolsillo del abrigo para sacar un pequeño reloj. - Ya es hora de que regrese.
- Nunca cambiaras
querido... - Sin exaltarse guarda el reloj y acomoda su gorro. - No pareces
sorprendido. Es una lástima...
- No tengo por qué
sorprenderme con solo saber que estas frente a mí a unas cuantas cuadras de
distancia. - Retoma su tranquilo caminar por las frías calles.
- ¿Puedes verme a
pesar de estar tras un edificio? - Lleva sus manos para tapar su boca. - Eres
impresionante Asriel.
- Nia... ¿Por qué
me vigilas? - La chica lleva sus manos tras su espalda.
- huhum... - Se
da media vuelta y comienza a caminar. - Solo quería saber cómo estabas.
- Pues ya sabes cómo
me encuentro, es mejor que desaparezcas. Si alguien te ve, te llevarán al
juzgado. - Deposita unas monedas en el
gorro de un vagabundo. - En este lugar solo estas buscando problemas.
- haha... tan
educado y caritativo como de costumbre. - La fría brisa juega con sus cabellos
color miel - No tengo por qué preocuparme, nadie puede tocarme... les dará
miedo tocar a un caído... - Juega con sus dedos. - ¿No te da miedo que te toque
querido?
- Se a la
perfección que no me pasara nada si te toco o tu a mí... - Toca la espalda de
la chica. - Te lo advertí Nia... si no te retirabas te atraparían. -
- Com-- - Se aleja
bruscamente de él tomando una posición defensiva. - ¿¡Como lo hiciste!? ¿¡¡No
te da miedo que algún humano te vea....!!?
- Asriel se quita uno de sus guantes. - ha... ¿planeas sellarme en tu
mano? - Arregla su largo cabello, mientras sus ojos plateados miran con
superioridad al otro. - Mi poder no será muy grande como el tuyo, pero puedo
ser una carga para tu vida.
- Lo sé, pero si
te quito el alma no será problema. - Delicados rayos de luz solar se filtran
entre las nubes grises que cubren el cielo. - Sabes muy bien que si tratas de
salir del círculo te consumirás por la luz...
- ¿Te atreverás a
dañarme? ¿A mí? a un ex-integrante de Benigna... - Su voz se torna nerviosa al
ver la mirada de tranquilidad del otro. - Como puedes hacerlo... ¡¡pensé que
nos estimabas!! Asriel eres... - Cierra sus ojos tratando de aguantar la
frustración que la inundaba. - Eres de lo peor... - Tapa su rostro con sus
manos.
- No aprendiste
nada al parecer... - La chica junta sus manos, tratando de conseguir la
compasión del otro. - Eso conmigo nunca funcionara.
- Sabes que
pueden acusarte de traición si me matas. - Unos ojos fríos lo desafían. - ¡¡Asriel!!
- Estira su brazo, consiguiendo una quemadura en su mano. - ¡Cuando...! -
Observa su quemadura.
- Te lo dije
no... Si sales del círculo te quemaras. - Busca entre sus ropas tranquilamente.
- Me dieron el pendiente de Drean... - La chica se asusta y observa desesperada
el lugar en busca de algo. - No tienes a donde escapar.
- ¡¡¡Rosier!!! -
Llama desesperada. - ¡Hermana!.... no… - Sus cabellos se prenden. - ¡No! -
Trata de apagarlos pero su ropa comienza a quemarse. - ¡¡¡Para!!! ¡¡¡Asriel!!! ¡¡¡NOOO
PARA!!! - Se arrodilla. - Tú… ¡¡¡tú no eres en nada diferente a los caídos!!! -
Una extraña luz sale de sus ojos.
- Aun tienes
fuerzas para estar hablando... - Nuevamente saca su reloj. - Gracias a ti me
perderé la cena.
- Rosier... me
vengara... ella... - Humo azul comienza a salir de su cuerpo. - Mi alma...
no... - Una lágrima de sangre corre por su rostro. - ¿Qué me pasa... por qué...?
- Pasa un dedo por su helada lagrima. - Desde cuándo.... - Comienza a mirar su
cuerpo. - Yo no soy un demonio... soy un caído. - Se lleva las manos a la
cabeza.
- Ya vez que tu
querida hermana solo se comió tu esencia para poder sobrevivir... - coloca el
colgante sobre ella. Esta levanta su cabeza mientras espesas lágrimas rojas
caen por el lugar.
- Hermana... - El
humo rodea la piedra del colgante tiñéndola de azul. - Me traicionaste... - El último
eco de un alma caída.
- Descansa
pequeña. - Deja el cuerpo consumirse por las llamas. - Que tarde es...
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- Señor, su
invitado acaba de llegar... - Duv saca su vista del grueso libro que se
encontraba cómodamente leyendo en la biblioteca. - Lo está esperando en la
sala. - La mujer se retira del lugar.
- Nuevamente se
entretuvo en algo. - Ruido de libros lo hace girarse. - Sabe muy bien que eso
es algo que no debes hacer, las personas que trabajan aquí no saben lo que
"somos" - Se coloca tras de su invitado ofreciendo una reverencia en
forma de respeto. - Al parecer se entretuvo antes de la cena, señor.
- No seas
formal... - Pasa las suaves páginas del libro sin prestar mucha atención en
ellas. - Me encontré con Nia. - Pasa otra página. Duv ejerce presión en sus
puños. - Lo único que queda de tu prometida es su alma corroída...
- ¿Que....? - Sus
pupilas se contraen y su rostro se desfigura por la sorpresa. El sonido de la
puerta abriéndose llama la atención de ambos.
- Señor... me
sorprendió que no esperara su té en la sala... - Una joven mujer ingresa en el
estudio con una bandeja de plata - Me sorprende lo rápido que puede moverse. -
Deja la bandeja sobre una bella mesa frente al ventanal. - ¿Desean que les
traiga algo más?
- No te preocupes
Beatriz, ve a ver cómo está la pequeña Alice y ve si necesita algo. Yo me ocupo
del resto. - Se apoya en el librero dando la espalda a su invitado y a la
empleada.
- Como usted diga
señor. - Ofrece una cortes reverencia al invitado, este se la devuelve junto a
una sonrisa. - Con su permiso. - Abre la puerta y deja la habitación, suena un
crack y luego de unos tres segundos Duv se da media vuelta para dirigirse en
dirección al ventanal.
- ¿Qué fue lo que
paso con ella? - Apoya uno de sus brazos en el vidrio para apoyar su cabeza en él.
-
- Quería ver si
podía amedrentarnos, al parecer la enviaron para espiar. - Saca el cristal de
un bolsillo de su pantalón. - Ya no era una caída. - Se coloca tras de Duv. -
Ella ya no era una caída... era un demonio. - Coloca una mano en el vidrio
apoyando gran parte de su peso en su brazo. Acerca su boca al oído de Duv. -
Rosier consumió su aura y su bendición. - Susurra lentamente dejando caer
algunos cabellos, los cuales rozan juguetonamente el cuello de Duv. - No fue su
culpa y menos la tuya... solo su hermana sobreviviendo. - Abruptamente se aleja
para servirse una taza de té. - ¿Quieres que te sirva una taza?
- ....no
gracias... - Una gota de frio sudor corre por su cara. - ¿Que aremos ahora?
- Buscar al resto
y sentenciarlos. - Bebe un poco de su te. - Sabes que si nos entregan este
pendiente es porque podemos tomar la justicia por nuestras propias manos. -
Deja la tibia taza en el platillo de porcelana. - Como siempre... tus empleados
tienen un buen gusto en la comida y en la bajilla... - Aleja algunos cabellos
rebeldes de su rostro.
- ¿Puedo quedarme
con el alma de Nia? - Asriel golpea la mesa con sus manos. Baja su cabeza y sus
cabellos caen desordenados sobre el mueble.
- Mi querido
Duv... - Lleva una de sus manos a su rostro, lentamente la pasa por este para
llevar gran parte de su cabello para atrás. - No me hagas perder la
paciencia... serias tan gentil de mostrarme a la niña. - Se dirige a la puerta.
- Lamento mi actitud, pero no quiero perder a ninguno de ustedes. - Abre la
puerta y se coloca a un lado.
- Lo lamento mi
señor. - Baja su cabeza para esconder la frustración de las amargas palabras de
Asriel. - El experimento de Abel está a punto de ser calificado. - Cierra la
puerta de la biblioteca. - Espero que aún no esté dormida.
- ¿Tiene algo que
nos haga recordar a nuestra reina? - Duv niega con la cabeza. - Es una lástima,
aun así debo educarla como mi hija.
- ¿Vamos juntos a
su cuarto o prefiere esperar aquí? - Asriel pasa delante de él. - Señor...
- Recuerda que
frente a ella, solo eres el hijo de un amigo. - Saca del bolsillo de su camisa
un paquete. - Desde este día, dejo de ser su jefe frente a ella.
- Entendido. -
Golpea la puerta. - ¿Alice? - Unos rápidos pasos se escuchan al otro lado de la
puerta. - hum... ¿Alice?
- ¡Un momento por
favor...! - La puerta se abre, dejando ver a una chica muy agitada. - Lamento
la demora. - Los dos hombres la observan fijamente. - ¿Sucede algo? - La chica
los mira un poco sorprendida.
- ¿Nos dejas
entrar a tu cuarto o hablaremos en el pasillo querida? - Asriel pasa una gentil
mano por la pequeña cabeza. Alice se sonroja un poco. - ¿Algo escondes que no
podemos entrar?
- ¡Lo lamento! -
Baja la cabeza apenada. - Encontré tanta ropa nueva y linda... que quise
probármelo todo... y ahora está todo convertido en un gran desorden. - Asriel
sonríe. - Pero si esperan un poco, ordenare para que no sea incómodo. - Una
suave risa les llama la atención. Asriel tapa su boca con su otra mano y se
arrodilla frente a la chica.
- Como desees mi
pequeña. Ordena tranquilamente, cuando termines ve a la sala. - Alice sonríe
para luego asentir con su cabeza. - No te demores demasiado, pronto cenaremos.
- Si padre. -
Asriel se da media vuelta y comienza a alejarse del lugar. - Papa está de muy
buen ánimo... ¿no lo crees así Duv?
- Así parece... -
Ambos observan como el otro se aleja. - Bueno, date prisa que la cena ya estará
lista. - La pequeña asiente. - Y ponte algo más o te resfriaras.
- ¡Sip! - La
puerta se cierra dejando a Duv solo en el pasillo.
- Abel eres un
genio... - Arregla su ropa. - Nia… es una lástima, pero las reglas son las
reglas. - Su vista se pierde por el gran ventanal del pasillo. - Nia...
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- Esto es
horrible... como pueden las personas hacer algo tan terrible. - Un grupo de ciudadanos
se encontraba rodeando el lugar donde un cuerpo carbonizado era revisado por la
policía.
- Es verdad...
los humanos nunca cuidan lo que tienen o lo que se les da. - Un hombre alto
apunta con un bastón el cuerpo. - Lo que sus ojos contemplan, no es más que la
justicia que hace un "ser" en nombre del mismo Dios. - Baja un poco
su sombrero escondiendo su rostro. - Si esto es el deseo de "Dios"
que es lo que lo diferencia a él del ángel caído.
- Está claro que
esto es obra de algún seguidor del demonio! esto no es algo que Dios aria. -
Una mujer cubierta por un chal habla en representación de la multitud. - Dios
nunca perdonara a los hijos que maten a sus hermanos.
- Pero, ¿si los
perdonara si están en una guerra defendiendo a su país? - Una pequeña niña se
para frente a la mujer. - ¿Igual perdona a un hombre que mata defendiendo a su
familia? - Mira a cada uno de los que esta tras la mujer. - ¿Y perdona a los
que matan a el resto de sus creaciones por protección? - Toma una hoja que el
viento robo de uno de los arbustos cercanos. - Los humanos nunca respetan nada,
tenga o no tenga vida. Nunca se preocupan de otra cosa que no sea de sí mismos.
- Aplasta la hoja con su mano convirtiéndola en polvo. - Si es por
supervivencia... matan al más débil y al que es diferente lo discriminan... -
Deja caer el polvo de su mano. - ¿Eso es lo que quiere "Dios" o es lo
que manda el "Demonio"? - La mujer se asusta y mira de manera extraña
a la pequeña. - ¿Tienes miedo de lo que digo? - Una sonrisa arrogante acompaña
a su mirada desafiante. - Si tienes miedo, sabes que lo que dije tiene algo de
verdad... Padre... ¿Qué aras con eso? - Apunta el cuerpo carbonizado.
- Nada... es
trabajo de tu amiga. - Camina en dirección al cuerpo. - Ya no tiene alma... no
nos sirve. - Corta una flor y la lanza en dirección al cuerpo. Algo del
maltrecho cadáver le recordaba a si mismo encerrado en aquella casa
"embrujada" aun sus brazos podían experimentar el peso de las gruesas
cadenas fabricada con los cuerpos y huesos de los que una vez llegaron a ser
cientos de sus seguidores, un gran castigo para un alma que quería mostrar la
verdad. Un castigo, que un ángel emperador decía realizar en nombre del mismo
"Dios"
- Que lástima...
- Camina hacia el hombre. - Ella era bella. - Lleva un dedo a su boca y toma un
mechón de su cabello. - Me pregunto si yo puedo ser linda para ti... - El
hombre gira su cabeza para observarla. Sus ojos vagan por el pequeño recipiente
que contenía una parte de la que una vez fue la esencia más poderosa del
universo entero llamado "Edén"
- Tú eres lo más
hermoso que existe querida. - Se agacha frente a ella. - Eres única. - Pasa su
mano por el pálido rostro de la niña. Aun no podía comprender como dos almas se
fusionaban y podían coexistir dentro de un recipiente humano.
- Eso no es
verdad, en esta ciudad existe un ser idéntico a mí. - El hombre sonríe.
Mientras que la pequeña mira enfadada el cielo. "Idéntico" en cuerpo
pero no en mente... puede que exista una conexión al ser "uno" como
puede que no por el pecado que ambas llevan en su alma.
- Solo el envase
es idéntico. Pero dentro. - Coloca una mano en su pecho. - Son completamente
distintas. - Sus labios se extienden otorgándole el placer de una bella sonrisa
llena de sinceridad pero con un dejo de maldad, la burla podía ser parte de
ella, pero sus ojos de niña solo podían ver a un hombre sonriéndole solo a
ella... la "Elegida" de entre todos los humanos, "Ella" la
que había logrado consumir una esencia tan poderosa como la de un monarca
angelical...
- ¡Yo quiero
verme distinta tanto dentro como por fuera padre! - Golpea el suelo con un pie.
Tira con un poco de fuerza sus ondulados cabellos dorados a la luz del
atardecer.
- Si eso es lo
que quieres... - Toma el dorado cabello de la chica. - Ya no será dorado como
el sol... si no que negro como la noche. - Sonríe y se endereza. - Debemos
partir, nos esperan en casa.
- Sí. - La niña
toma la mano de su padre. - ¿Que aras con la evidencia? Ellos sabrán que
estuviste aquí. - La cabeza del mayor baja en dirección a ella.
- ¿Quieres hacer
algo? - La niña asiente. - Pues adelante. - Se detiene para contemplar la
escena final.
- Gracias por
confiar en mí, no te fallare. - Sonríe y se gira. - Espérame un momento. - El
mayor asiente. - ¡¡¡Señora!!! - La niña grita y la mujer con la que hablaba
antes se sobresalta y observa como la chica se acerca a ella. - Perdón por no
decirle mi nombre, es Anie ¿y el suyo? - Estira la mano esperando que la mujer
la tome.
- Mi nombre es...
- La mujer roza sus grandes dedos con los de la pequeña provocando una chispa
que la sobresalta y la aleja. - Que fue eso...
- Perdón pero
debo irme ahora… lamento las molestias que cause y que causare. – La mujer mira
de manera extraña a la niña que se aleja corriendo por el lugar. Algo le arde
mientras observa a la pareja alejarse.
- ¡¡Por Dios!! –
Un hombre grita apuntando a la mujer. – Su mano se… ¡¡¡SE ESTA QUEMANDO!!! –
Observa su mano comprobando que es verdad. – ¡¡TRAIGAN AGUA!!
- ¡¡¡MI MANOOO!!!
– Grita desesperada. – ¡¡¡Que alguien, me ayude!!! – La gente se aleja. Pero
unas chispas saltan de la mano prendiendo la ropa del resto de los presentes.
-
¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!
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- ¡¡Por Dios!! –
Duv se levanta de su asiento al sentir el dolor. – Algo está pasando en las
calles. – Observa a Asriel beber tranquilamente de su copa de vino.
- Esto es algo
que debía pasar. – Deja la copa en la mesa. – No podemos intervenir.
- Asriel…. –
Pasos los sobresaltan y a la vez inconscientemente sus cabezas se giran en
dirección a los pasos que cada vez hacen menos eco por el lugar.
- Perdón la
demora, pero me Marie hace un momento y fui a mojarme el rostro. – Asriel
observa a la niña. El síntoma de que estaba sintiendo como su otra parte
utilizaba parte de sus poderes estaba despertando.
- Eso solo
significa una cosa… Tienes hambre. - La niña asiente para luego apresurarse y
sentarse en su lugar.
- ¡¡Esto se ve
delicioso!! - La pequeña toma los cubiertos y comienza a comer con rapidez.
Ambos la observan por un momento para luego mirarse directamente a los ojos.
- "¿Que
aras?" - Asriel corta un trozo de carne. - "Asriel, ¡¡no puedes
quedarte de brazos cruzados si el está lastimando a las personas!!" - Una
mirada con un dejo de enojo lo hace callar.
- "No
arruines esta comida 'familiar' querido Duv" - La niña los observa, al
notar que ambos parecen querer atacarse con sus miradas, golpea
intencionalmente uno de los cubiertos con su copa con agua.
- Lo lamento... -
Los observa por pequeños segundos a los dos. - ¿Qué tal el día para ambos?
- Tranquilo,
querida debes comer rápido e ir a dormir, mañana debes ir a la escuela.