miércoles, 2 de enero de 2013


Primera publicación de una antigua historia que surgió un día de máximo estrés mental. 



Rendezvous




[Encuentro]  -*-  Capitulo 1


Diabolo ~Lucifer~



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Largas y frondosas ramas se azotaban contra sus vecinas en una fría noche de invierno donde nubes grises ocultaban poco a poco la belleza de las estrellas.


Las pocas luces que aún continuaban encendidas comenzaban a apagarse una tras otra, permitiendo que la oscuridad junto al silencio reinaran en el pequeño pueblo.


La quietud fue interrumpida por el sonido de los cascos golpeando las calles de piedra. Un caballo negro como la noche, galopaba rápidamente por la tranquila y larga vía.


Inesperadamente pequeños copos de fría nieve se dejan caer dejándose llevar con la briza.


Una triste tonada creaba el viento...


El caballo se detiene frente a un gran jardín, el cual a simple vista, se veía sin cuidado aparente. A lo lejos una gran puerta de madera se alza.


El rechinar de los engranajes de una antigua reja oxidada junto con el golpe de unas pesadas botas se dejan oír por el lugar, transformándose en pasos con dirección hacia la vieja puerta, lentos en un comienzo, procurando observar todo lo que rodeaba el lugar, atento a todo lo que podría suceder.


Una vez más tranquilizado se apresuró permitiendo que su largo cabello fuera envuelto por el viento. Sus pies se golpearon tenuemente al detenerse frente a la gran puerta enmohecida.


El eco de la pesada estructura al moverse, inunda el lugar, dos manos se posan sobre la fría cubierta de madera corroída por los años. Sin esperar más, comienza a empujar causando que esta por la presión rechine, y termine cediendo para suerte del visitante.

Un aroma a humedad y polvo se mezclan con la brisa helada de la noche.

La esbelta figura entra por el pequeño espacio, esparciendo un poco de la helada nieve por todo el lúgubre y oscuro lugar.


Solo sombras lo rodean.


Ante la completa oscuridad reinante, estira su brazo y comienza a tantear tratando de llegar a algo con que poder guiarse, sin esperar más, permite que sus manos lo lleven por el enorme lugar


Gracias a la oscuridad, lo inunda la sensación de que el lugar no tiene final y es absorbida por las sombras, tanta tranquilidad lo desespera, causando que sus sentidos sean oprimidos por la adrenalina.


Sus manos encuentran algo que les corta el camino, sus dedos lo rodean tratando de identificar el obstáculo, pero este cae causando un gran estruendo, dejando todos sus sentidos alerta.


Camina y camina... pero pareciera que no tuviera fin aquel gran laberinto en el que se había internado en esa fría noche de invierno.


Alguien está observándolo, lleva su mano a su cintura... ¿o se ha equivocado? ya no recuerda donde tiene sus manos y no recuerda si llevaba algo con que defenderse...


La oscuridad comienza a jugar con sus pensamientos y lo descoloca, era una presa fácil para cualquiera que intentara atacarla.


Para en seco y trata de relajarse... un aroma que había pasado desapercibido inunda su mente....


...Sangre... Trata de guiarse por este dulce aroma...


Paso a paso... su mente comienza a jugarle algunas malas pasadas logrando que se preocupe...


Paso a paso... no encuentra final para su gran e interminable laberinto...


Paso a paso...


El aroma a sangre es aún más potente cuando se piensa en ello...


Algo llama su atención....un poco de luz a lo lejos entra por una roída cortina que oculta una ventana. Rápidamente llega a ella para tirar con fuerza, el sonido de la tela siendo rasgada comienza a llenar el lugar.

Antes de que la tela podrida terminara de romperse y los adornos de esta cayeran al piso, la luz inunda el lugar despejando sus sentidos.
    

Una gran sorpresa lo estaba esperando...


Gruesas cadenas enmohecidas sostenían por brazos y piernas a una figura de cabellos largos que se encontraba en la mitad de lo que parecía ser un calabozo...


Innumerables escaleras conducían hasta el maltrecho cuerpo.


Sin miedo comenzó a caminar hacia la persona, pero antes de que lograra llegar a él, este comenzó a moverse...


Lentamente levanto su cabeza, la cual se encontraba tapada por sus cabellos los cuales inundaban el piso.


El sonido de algo rompiéndose lo sobresalto...


Había pisado un hueso...


Retiro la parte de la capa que tapaba su rostro dejando caer una melena espesa y ondulada, el semblante de una joven mujer lograba apreciarse caminando con paso decidido hacia el cuerpo que se encontraba esperándola, unos pasos más y estaría junto a él....


Al estar dos pasos de distancia lo observo unos momentos hasta que la persona bajo ella comenzó a moverse, el sonido de las cadenas inundo el lugar, pero estas hicieron presión en el cuerpo maltrecho haciendo que cayera al piso y que sus heridas sangraran nuevamente, ahora el olor a sangre era más potente.


- No deberías moverte… Esas cadenas se aferran más a tu cuerpo... - Lleva sus manos al broche de su capa. - Maldición... quién diría que tú estarías en este estado. - Se arrodilla frente al cuerpo - Levanta tu rostro, déjame ver nuevamente tus ojos. - Este levanto lentamente la cabeza, la mujer lo tomo entre sus manos  percibiendo la baja temperatura de aquella persona. Mientras una lo sostenía, la otra despejaba su cara acomodando el largo cabello que se enredaba entre todo lo que había cerca. - Cuantos siglos han pasado mi señor... - Toma su capa y la pasa por el rostro. - ¿Por qué no te has curado?... - Con cuidado lo suelta para así llevar sus manos a su cintura en busca de una botella. - Primero lavare tu rostro y te daré de comer, después te sacare de esta prisión... -


- No tienes por qué hacerlo... Yo no soy nada más que escoria en este mundo. - Hunde su cabeza entre la espesa cabellera que cubre su cuerpo. - Yo fui castigado por vivir mi deseo... aun no término de pagar por mi error.


- Se equivoca... - Toma una navaja y corta un poco de cabello. - ¿Desea verse como siempre o un nuevo corte? - El silencio inundo el lugar. - Tomare eso como una respuesta.


- ¿Por qué estás aquí? - Una cálida mano recorre su frio rostro calmando un poco de su sufrimiento. Nunca pensó que la compañía de alguien o algo, sería tan preciada para él. - Si te descubren te colocaran en un calabozo.


- Mi señor, eso ya no pasara. Nuestra gobernante a perecido... - Las cadenas comienzan a sonar descontroladas mientras la figura oprimida por ellas se incorpora lentamente. - Drean nuestra "reina" ha dejado de existir para todos... - las velas comienzan a encenderse una a una. - No se sabe cómo ocurrió... pero su esencia ha dejado de ser percibida por los nobles, solo quedan tres reyes, podemos comenzar con todo nuevamente mi señor. - Las murallas enmohecidas y las cortinas desteñidas por el tiempo comenzaban a llenar el lugar de un cálido y a la vez acogedor calor. - A nacido un rumor sobre Drean... se dice que entrego su vida a dos niñas... si las encontramos antes de que ellas sepan que es lo que tienen dentro, o antes de algún guardián... podremos dominar el gran poder que la reina tenia.


- Drean... mi opresora, ha dejado de existir como su majestad y ahora es la "vida" de unas niñas... - Se sienta en el piso. - Mi prisión debería dejar de tener el poder de antes y podría salir cuando quisiera de este lugar...


- Así es mi señor... - Se arrodilla frente a él. -  Yo me he encargado de liberar los sellos de todos los caídos hace mil siglos... - Levanta su mano. - Nuestro signo... la estrella con la cruz espinada... ha vivido nuevamente mi señor.


- Lumiere...



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 - ¿¡¡Donde esta!!? - Un hombre con armadura entraba causando un gran estruendo en el hermoso palacio. – ¿¡En qué lugar se encuentra Asriel!?


- Mi señor Zere, tranquilícese... el amo Asriel está preparándose. - Una hermosa mujer pelirroja de esbelta figura se encontraba en el marco de una gran ventana con vista a los rosales del gran jardín. - Recuerde quien es Asriel.


- Dali, no necesito de tus trucos ahora, necesito que Asriel se mueva de inmediato. - Busca algo en el bolsillo de su chaqueta. - Esto es lo único que necesitan para encontrar a esas niñas. - Toma la perilla de la puerta. - Nosotros los nobles nos encargaremos de Eudel.


- Van por la presa difícil, en vez de buscar a las pequeñas. - Zere clava su espada en la muralla cercana a la cabeza de Dali. - hum… ¿Eso es todo?


- No te burles maldita hibrida... - Un poco de cabello plateado cae por su frente despejada. - No me hagas perder el tiempo contigo.


- Es usted el que decide en que ocupar su tiempo, señor... - Lo mira con arrogancia. - Si me permite, Asriel nos está observando. - Zere gira su cabeza para comprobar cómo Asriel se encontraba parado frente a ellos arreglándose las mangas de su impecable traje de seda negro. - Te has demorado demasiado. - Delicadamente aparta a Zere de su lado y camina tranquilamente hasta donde este.


- ¿Qué es lo que necesita mi señor Zere? - Dali se coloca tras de él con la cabeza gacha. - No es necesario Dali. - Esta se aleja un poco más mirando el piso.


- Deberías saberlo Asriel. - Saca su espada de la muralla y la guarda en su funda. - Drean debe ser encontrada cuanto antes, junto a Eudel y su sequito... - Busca algo en su chaqueta. - Su señoría Drean, antes de irse dejo una carta dirigida a Lilim. - Saca el sobre de su bolsillo interior para dejarlo sobre la mesa. - Ahora todos debemos seguir las órdenes de Kyrie, y esta es encontrar a Drean en el estado que este y encarcelar a "Lumiere"


- Lumiere... - Camina tranquilamente hacia la mesa donde se encontraba el pequeño colgante. - Dali, lleva esa carta a manos de Lilim, y reúne a los demás.


- Si mi señor. - Invoca la carta a su mano y se retira del lugar.


- ¿Cuándo escapo Eudel? - Toma el colgante con su mano derecha, mientras que con la izquierda lo gira para observarlo mejor. - Si no mal recuerdo su calabozo estaba muy bien vigilado por los hombres de Gar, el superior de las fuerzas.


- Rosier se encargó de todo.


- ¿Rosier? - Guarda el colgante en su bolsillo. - ¿Dejo a Nia?


- Nia desapareció junto a ella. - Se cruza de brazos. - Al parecer no resistió estar sin su hermana mayor. Rosier cumplió su condena con ayuda de esta y antes de que Dream desapareciera ambas ya no estaban.


- Me lo esperaba de Rosier... pero pensé que Nia estaba decidida a no ser parte de la rebeldía de su hermana. - Saca un par de lentes de su bolsillo para colocarlos en su lugar. - Su posición como jueza no le permitía desequilibrarse.


- Al parecer nos engañó a todos... o esto es más grande. Gran parte de los nobles está dudando en perseguir a Eudel ahora que nuestra señora ha desaparecido. - Arregla sus ropas y se dirige a la puerta. - Es su misión y deber encontrar lo que queda de nuestra señora. Si el orden no regresa a nuestras vidas, el Eden como lo conocemos será nuevamente corrompido por el demonio...


- Pero ese demonio, es alguien importante para nuestra señora... - Arregla su cabello. - Se perfectamente lo que debo hacer Zere, si me disculpa debo infíltrame. El encargado de Benigma será Abel.


- No sé cómo puedes continuar confiando en Abel, en cualquier momento podría ir con su hermano. - Abre la puerta.

- Mientras no lo haga, continuara siendo de confianza.




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“Vamos, vamos, acércate, mira,
¡Damas y caballeros!
Esta noche, te presento a ti, cariño
¡Todo aquí está lleno de amor, disfruta! "


La brisa mecía su largo cabello castaño, al igual que las grandes nubes del firmamento. Blancas flores cubrían un gran prado en una alta colina.


"Por tus sueños, por tus ilusiones,
¡Hagamos un brindis!
Mira, los ángeles lloran."


Frente a ella otra chica idéntica la observaba tristemente, las flores bajo ella se teñían de rojo... el prado se secaba y el polvo se levantaba cubriendo su ropa y su cabello.


"Ah, estoy cubierto de sangre
Esta noche nuevamente.
Las alas del demonio
Son azules aterciopeladas, cariño."


Un ser envuelto en una potente luz blanca se acerca a ellas y las observa con tristeza. Se arrodilla entre ambas y estas la observan. - Mis pequeñas… lamento mucho que deban separarse, pero el destino ya está escrito. Les prometo que ambas podrán vivir nuevamente. -


"Por tu oscuridad,
Por la oscuridad que hay en ti
¡Hagamos un brindis!
Hasta que la última gota
De nuestra sangre se haya ido."


La luz se desvanece y una mujer de largos cabellos dorados comienza a desvanecerse una de sus partes se transforma en pétalos, mientras la otra se transforma en sangre.


- Alice... tu vida será bendecida con la bondad y con la llegada de una nueva familia. -


Los pétalos envuelven a la pequeña que ríe mientras trata de atraparlos. A su vez la otra pequeña la observa con envidia. Una de sus manos se cierra formando un puño, clavando sus dedos en la tierra que se pudre a sus pies y se mezcla con la sangre.


- Anie... Tu corazón se corrompió antes de morir, tu destino ya se selló en una dirección opuesta a la de tu hermana, tú me consumes sin que pueda evitarlo. Mi sangre es drenada de mi cuerpo que se disuelve y trata de ser puro como tu hermana. -


"Por tus sueños,
Por tus ilusiones.
¡Hagamos un brindis!
Hasta que las lágrimas se sequen.


Adiós,
Adiós."


Anie se pone de pie tomando una pesada piedra, antes de poder golpear con esta a su hermana la pequeña pradera en la que están comienza a desmoronarse, Alice se eleva jugando y riendo, mientras Anie se hunde siendo corrompida por la oscuridad.


Por tu oscuridad, por la oscuridad que hay en ti
¡Hagamos un brindis!
Hasta la última gota de sangre.
Por tus sueños, por tu oscuridad,
¡Salud!


- Morirás Alice... - Sus ojos verdes la observan mientras plumas negras se enredan en su cabello.




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El eco del "Tic-Tac" de un gran reloj se escucha por toda la casona. En una pequeña cama una niña descansa, su rostro cubierto con algunos parches y uno que otro corte comienza a moverse en su cama.


Un joven de cabello negro levanta la vista de un grueso libro fijándola en la pequeña intranquila. - joven, debemos ver que le... - Este levanta una mano y les ordena retirarse. - Pero señor, la pequeña parece estar sufriendo.... -


- Retírate, yo me encargare de ella. - Deja su libro en una mesa y se incorpora para dirigirse al lugar donde se encuentra la pequeña. - Retírense. - Unos fieros ojos rojos las alejan.


- mmm... - Pasa su pequeña mano por su rostro. - Tengo sed... - trata de abrir sus ojos, los cuales se cierran de inmediato ante la luz que les es molesta.


- Despierta. - El joven se sienta junto a ella y toma uno de sus brazos. - Debes alistarte. Tenemos que salir de este lugar.


- ¿Donde esta mamá...? - Trata de levantarse obteniendo un fuerte dolor en su cabeza, lo cual la hace llorar. El joven la observa y espera a que esta se calme. - Quiero a mi mamá. - Se sienta con dificultad y abraza sus piernas.


- No tenemos tiempo para perderlo con tonterías. - La pequeña levanta su cabeza. - ¿Qué quieres? ¿Que no me oíste? dije que teníamos que partir. - La niña lo observa seriamente.


- No tengo por qué hacer caso de un extraño. - El candelabro que estaba a un lado de su cama se triza. - Quiero a mi mamá ahora.


- Tu madre está muerta. - Cierra sus ojos respirando profundamente. - Date prisa y vístete. - Se acerca a ella y la destapa. - Ahora. - Su mirada de superioridad provoca que la pequeña lo observe con una desafiante, ante esto el joven toma un frasco con agua que está cerca de él, saca un paño de ella y lo coloca en el rostro de la pequeña. - Al parecer nunca has hecho caso de lo que tus mayores te dicen. - Deja el frasco en su lugar. - Esperare afuera 5 minutos. Es todo el tiempo que necesitas para ponerte la ropa. - Se da la vuelta saliendo por una pequeña puerta. - La niña se queda mirando el lugar.


- ¿Quién es mi mamá? - Abraza sus piernas. - ¿Que tengo que hacer...Anie...?



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- Señor, ya estamos por llegar a la residencia. - El conductor de la carroza deja el látigo a un lado y comienza a relajar la caminata de los caballos. - Esta noche será muy fría al parecer. - Las hojas de los árboles caían por las frías calles de Inglaterra.


- Así parece... El frio acabara con los vagabundos esta noche. - Arregla sus ropas y observa a la niña que mira silenciosamente el paisaje. - ¿Tienes frio Alice? - Esta gira su cabeza.


- ¿Cómo sabes mi nombre? - El joven pasa una de sus manos sobre el pelo de la chica para arreglarle algunos cabellos rebeldes.


- Alguien me lo dijo. - La pequeña toma la gran mano del joven y la deja a un lado. - Mi nombre es Duv. Lamento haber sido tan brusco cuando nos conocimos. Pero no teníamos mucho tiempo. - La pequeña se queda en silencio mirando el camino. -  Debes descansar bien esta noche, mañana será un día muy agitado. - El carruaje se mueve de manera brusca indicando que ya estaban dentro de la residencia. - Me pregunto cuándo repararan las fallas de la entrada.


- Esperemos que algún día las reparen señor. - Comento con despreocupación el cochero.


- Bien llegamos, vamos. - Abre la pequeña puerta y desciende del carruaje. - Ven. - Extiende la mano para la pequeña. Esta lo observa y la toma. Al descender el murmullo del viento le hace llegar voces lejanas a sus oídos, sus cabellos se revuelven con la suave brisa.


El sonido de las hojas cayendo y siendo aplastadas la relaja, bellas flores rodean el camino de piedra que lleva a una gran pileta, con la estatua de un ángel con la lanza en sus manos. Antes de dejarse cautivar por las exóticas plantas, el sonido de la madera rechinando la despierta de su mundo imaginario.


- Bienvenido señor. - Dos jóvenes lo esperan para tomar sus abrigos y guardarlos. - ¿Desea algo de tomar o comer?


- No se preocupen por mí, traigan algo de comida para la niña. - Cierra la puerta. - ¿Él ya está aquí?


- Lo lamento señor, el señor Asriel llamo informando que aún le faltan tramites que hacer. - Busca entre sus ropas. - Un poco antes de que llegara esto fue dejado por un chico. - Le entrega un sobre.


- Gracias. - Guarda la carta en el bolsillo de su camisa. - Alice, ven. - Comienza a caminar siendo seguido por la pequeña. - Esta será tu casa, te mostrare cuál es tu cuarto. - Luego de subir una gran escalera de mármol y caminar por un largo pasillo, llegan a una puerta. - Aquí es, este será tu cuarto. - Abre la puerta. - Espero te guste.


- ¿De verdad todo esto es para mí...? - Una gran cantidad de muñecas y juguetes llenaba el cuarto junto con grandes muebles y un espejo de cuerpo completo. - ¿No tiene problemas porque este aquí?


- Claro que no, que te parece si te colocas algo cómodo mientras esperas que tu comida este lista, si lo deseas puedes darte un baño.


- Gracias... - Se adentra en el cuarto.


- Bueno estaré en mi estudio, si necesitas algo tira de ese cordel. - Observa el lugar por última vez. – Bueno, nos vemos. - Cierra la puerta.



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- Tendré que darme prisa antes de que el frio me debilite. - Un elegante hombre de cabellos castaños se paseaba alegremente mientras observaba los escaparates llenos de trajes y uno que otro juguete, de las elegantes calles de Inglaterra. - Es mejor que llegue con un vestido para la dama. Si lo que dijo Abel era verdad, una vez en su cuarto una memoria nueva seria implantada. - Lleva su mano al bolsillo del abrigo para sacar un pequeño reloj. - Ya es hora de que regrese.


- Nunca cambiaras querido... - Sin exaltarse guarda el reloj y acomoda su gorro. - No pareces sorprendido. Es una lástima...


- No tengo por qué sorprenderme con solo saber que estas frente a mí a unas cuantas cuadras de distancia. - Retoma su tranquilo caminar por las frías calles.


- ¿Puedes verme a pesar de estar tras un edificio? - Lleva sus manos para tapar su boca. - Eres impresionante Asriel.


- Nia... ¿Por qué me vigilas? - La chica lleva sus manos tras su espalda.


- huhum... - Se da media vuelta y comienza a caminar. - Solo quería saber cómo estabas.


- Pues ya sabes cómo me encuentro, es mejor que desaparezcas. Si alguien te ve, te llevarán al juzgado. -  Deposita unas monedas en el gorro de un vagabundo. - En este lugar solo estas buscando problemas.


- haha... tan educado y caritativo como de costumbre. - La fría brisa juega con sus cabellos color miel - No tengo por qué preocuparme, nadie puede tocarme... les dará miedo tocar a un caído... - Juega con sus dedos. - ¿No te da miedo que te toque querido?


- Se a la perfección que no me pasara nada si te toco o tu a mí... - Toca la espalda de la chica. - Te lo advertí Nia... si no te retirabas te atraparían. -


- Com-- - Se aleja bruscamente de él tomando una posición defensiva. - ¿¡Como lo hiciste!? ¿¡¡No te da miedo que algún humano te vea....!!?  - Asriel se quita uno de sus guantes. - ha... ¿planeas sellarme en tu mano? - Arregla su largo cabello, mientras sus ojos plateados miran con superioridad al otro. - Mi poder no será muy grande como el tuyo, pero puedo ser una carga para tu vida.


- Lo sé, pero si te quito el alma no será problema. - Delicados rayos de luz solar se filtran entre las nubes grises que cubren el cielo. - Sabes muy bien que si tratas de salir del círculo te consumirás por la luz...


- ¿Te atreverás a dañarme? ¿A mí? a un ex-integrante de Benigna... - Su voz se torna nerviosa al ver la mirada de tranquilidad del otro. - Como puedes hacerlo... ¡¡pensé que nos estimabas!! Asriel eres... - Cierra sus ojos tratando de aguantar la frustración que la inundaba. - Eres de lo peor... - Tapa su rostro con sus manos.


- No aprendiste nada al parecer... - La chica junta sus manos, tratando de conseguir la compasión del otro. - Eso conmigo nunca funcionara.


- Sabes que pueden acusarte de traición si me matas. - Unos ojos fríos lo desafían. - ¡¡Asriel!! - Estira su brazo, consiguiendo una quemadura en su mano. - ¡Cuando...! - Observa su quemadura.


- Te lo dije no... Si sales del círculo te quemaras. - Busca entre sus ropas tranquilamente. - Me dieron el pendiente de Drean... - La chica se asusta y observa desesperada el lugar en busca de algo. - No tienes a donde escapar.


- ¡¡¡Rosier!!! - Llama desesperada. - ¡Hermana!.... no… - Sus cabellos se prenden. - ¡No! - Trata de apagarlos pero su ropa comienza a quemarse. - ¡¡¡Para!!! ¡¡¡Asriel!!! ¡¡¡NOOO PARA!!! - Se arrodilla. - Tú… ¡¡¡tú no eres en nada diferente a los caídos!!! - Una extraña luz sale de sus ojos.


- Aun tienes fuerzas para estar hablando... - Nuevamente saca su reloj. - Gracias a ti me perderé la cena.


- Rosier... me vengara... ella... - Humo azul comienza a salir de su cuerpo. - Mi alma... no... - Una lágrima de sangre corre por su rostro. - ¿Qué me pasa... por qué...? - Pasa un dedo por su helada lagrima. - Desde cuándo.... - Comienza a mirar su cuerpo. - Yo no soy un demonio... soy un caído. - Se lleva las manos a la cabeza.


- Ya vez que tu querida hermana solo se comió tu esencia para poder sobrevivir... - coloca el colgante sobre ella. Esta levanta su cabeza mientras espesas lágrimas rojas caen por el lugar.


- Hermana... - El humo rodea la piedra del colgante tiñéndola de azul. - Me traicionaste... - El último eco de un alma caída.


- Descansa pequeña. - Deja el cuerpo consumirse por las llamas. - Que tarde es...




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- Señor, su invitado acaba de llegar... - Duv saca su vista del grueso libro que se encontraba cómodamente leyendo en la biblioteca. - Lo está esperando en la sala. - La mujer se retira del lugar.


- Nuevamente se entretuvo en algo. - Ruido de libros lo hace girarse. - Sabe muy bien que eso es algo que no debes hacer, las personas que trabajan aquí no saben lo que "somos" - Se coloca tras de su invitado ofreciendo una reverencia en forma de respeto. - Al parecer se entretuvo antes de la cena, señor.


- No seas formal... - Pasa las suaves páginas del libro sin prestar mucha atención en ellas. - Me encontré con Nia. - Pasa otra página. Duv ejerce presión en sus puños. - Lo único que queda de tu prometida es su alma corroída...


- ¿Que....? - Sus pupilas se contraen y su rostro se desfigura por la sorpresa. El sonido de la puerta abriéndose llama la atención de ambos.


- Señor... me sorprendió que no esperara su té en la sala... - Una joven mujer ingresa en el estudio con una bandeja de plata - Me sorprende lo rápido que puede moverse. - Deja la bandeja sobre una bella mesa frente al ventanal. - ¿Desean que les traiga algo más?


- No te preocupes Beatriz, ve a ver cómo está la pequeña Alice y ve si necesita algo. Yo me ocupo del resto. - Se apoya en el librero dando la espalda a su invitado y a la empleada.

- Como usted diga señor. - Ofrece una cortes reverencia al invitado, este se la devuelve junto a una sonrisa. - Con su permiso. - Abre la puerta y deja la habitación, suena un crack y luego de unos tres segundos Duv se da media vuelta para dirigirse en dirección al ventanal.
                     

- ¿Qué fue lo que paso con ella? - Apoya uno de sus brazos en el vidrio para apoyar su cabeza en él. -


- Quería ver si podía amedrentarnos, al parecer la enviaron para espiar. - Saca el cristal de un bolsillo de su pantalón. - Ya no era una caída. - Se coloca tras de Duv. - Ella ya no era una caída... era un demonio. - Coloca una mano en el vidrio apoyando gran parte de su peso en su brazo. Acerca su boca al oído de Duv. - Rosier consumió su aura y su bendición. - Susurra lentamente dejando caer algunos cabellos, los cuales rozan juguetonamente el cuello de Duv. - No fue su culpa y menos la tuya... solo su hermana sobreviviendo. - Abruptamente se aleja para servirse una taza de té. - ¿Quieres que te sirva una taza?


- ....no gracias... - Una gota de frio sudor corre por su cara. - ¿Que aremos ahora?


- Buscar al resto y sentenciarlos. - Bebe un poco de su te. - Sabes que si nos entregan este pendiente es porque podemos tomar la justicia por nuestras propias manos. - Deja la tibia taza en el platillo de porcelana. - Como siempre... tus empleados tienen un buen gusto en la comida y en la bajilla... - Aleja algunos cabellos rebeldes de su rostro.


- ¿Puedo quedarme con el alma de Nia? - Asriel golpea la mesa con sus manos. Baja su cabeza y sus cabellos caen desordenados sobre el mueble.


- Mi querido Duv... - Lleva una de sus manos a su rostro, lentamente la pasa por este para llevar gran parte de su cabello para atrás. - No me hagas perder la paciencia... serias tan gentil de mostrarme a la niña. - Se dirige a la puerta. - Lamento mi actitud, pero no quiero perder a ninguno de ustedes. - Abre la puerta y se coloca a un lado.


- Lo lamento mi señor. - Baja su cabeza para esconder la frustración de las amargas palabras de Asriel. - El experimento de Abel está a punto de ser calificado. - Cierra la puerta de la biblioteca. - Espero que aún no esté dormida.


- ¿Tiene algo que nos haga recordar a nuestra reina? - Duv niega con la cabeza. - Es una lástima, aun así debo educarla como mi hija.


- ¿Vamos juntos a su cuarto o prefiere esperar aquí? - Asriel pasa delante de él. - Señor...


- Recuerda que frente a ella, solo eres el hijo de un amigo. - Saca del bolsillo de su camisa un paquete. - Desde este día, dejo de ser su jefe frente a ella.


- Entendido. - Golpea la puerta. - ¿Alice? - Unos rápidos pasos se escuchan al otro lado de la puerta. - hum... ¿Alice?


- ¡Un momento por favor...! - La puerta se abre, dejando ver a una chica muy agitada. - Lamento la demora. - Los dos hombres la observan fijamente. - ¿Sucede algo? - La chica los mira un poco sorprendida.


- ¿Nos dejas entrar a tu cuarto o hablaremos en el pasillo querida? - Asriel pasa una gentil mano por la pequeña cabeza. Alice se sonroja un poco. - ¿Algo escondes que no podemos entrar?


- ¡Lo lamento! - Baja la cabeza apenada. - Encontré tanta ropa nueva y linda... que quise probármelo todo... y ahora está todo convertido en un gran desorden. - Asriel sonríe. - Pero si esperan un poco, ordenare para que no sea incómodo. - Una suave risa les llama la atención. Asriel tapa su boca con su otra mano y se arrodilla frente a la chica.


- Como desees mi pequeña. Ordena tranquilamente, cuando termines ve a la sala. - Alice sonríe para luego asentir con su cabeza. - No te demores demasiado, pronto cenaremos.


- Si padre. - Asriel se da media vuelta y comienza a alejarse del lugar. - Papa está de muy buen ánimo... ¿no lo crees así Duv?


- Así parece... - Ambos observan como el otro se aleja. - Bueno, date prisa que la cena ya estará lista. - La pequeña asiente. - Y ponte algo más o te resfriaras.


- ¡Sip! - La puerta se cierra dejando a Duv solo en el pasillo.


- Abel eres un genio... - Arregla su ropa. - Nia… es una lástima, pero las reglas son las reglas. - Su vista se pierde por el gran ventanal del pasillo. - Nia...




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- Esto es horrible... como pueden las personas hacer algo tan terrible. - Un grupo de ciudadanos se encontraba rodeando el lugar donde un cuerpo carbonizado era revisado por la policía.


- Es verdad... los humanos nunca cuidan lo que tienen o lo que se les da. - Un hombre alto apunta con un bastón el cuerpo. - Lo que sus ojos contemplan, no es más que la justicia que hace un "ser" en nombre del mismo Dios. - Baja un poco su sombrero escondiendo su rostro. - Si esto es el deseo de "Dios" que es lo que lo diferencia a él del ángel caído.


- Está claro que esto es obra de algún seguidor del demonio! esto no es algo que Dios aria. - Una mujer cubierta por un chal habla en representación de la multitud. - Dios nunca perdonara a los hijos que maten a sus hermanos.


- Pero, ¿si los perdonara si están en una guerra defendiendo a su país? - Una pequeña niña se para frente a la mujer. - ¿Igual perdona a un hombre que mata defendiendo a su familia? - Mira a cada uno de los que esta tras la mujer. - ¿Y perdona a los que matan a el resto de sus creaciones por protección? - Toma una hoja que el viento robo de uno de los arbustos cercanos. - Los humanos nunca respetan nada, tenga o no tenga vida. Nunca se preocupan de otra cosa que no sea de sí mismos. - Aplasta la hoja con su mano convirtiéndola en polvo. - Si es por supervivencia... matan al más débil y al que es diferente lo discriminan... - Deja caer el polvo de su mano. - ¿Eso es lo que quiere "Dios" o es lo que manda el "Demonio"? - La mujer se asusta y mira de manera extraña a la pequeña. - ¿Tienes miedo de lo que digo? - Una sonrisa arrogante acompaña a su mirada desafiante. - Si tienes miedo, sabes que lo que dije tiene algo de verdad... Padre... ¿Qué aras con eso? - Apunta el cuerpo carbonizado.


- Nada... es trabajo de tu amiga. - Camina en dirección al cuerpo. - Ya no tiene alma... no nos sirve. - Corta una flor y la lanza en dirección al cuerpo. Algo del maltrecho cadáver le recordaba a si mismo encerrado en aquella casa "embrujada" aun sus brazos podían experimentar el peso de las gruesas cadenas fabricada con los cuerpos y huesos de los que una vez llegaron a ser cientos de sus seguidores, un gran castigo para un alma que quería mostrar la verdad. Un castigo, que un ángel emperador decía realizar en nombre del mismo "Dios"


- Que lástima... - Camina hacia el hombre. - Ella era bella. - Lleva un dedo a su boca y toma un mechón de su cabello. - Me pregunto si yo puedo ser linda para ti... - El hombre gira su cabeza para observarla. Sus ojos vagan por el pequeño recipiente que contenía una parte de la que una vez fue la esencia más poderosa del universo entero llamado "Edén"


- Tú eres lo más hermoso que existe querida. - Se agacha frente a ella. - Eres única. - Pasa su mano por el pálido rostro de la niña. Aun no podía comprender como dos almas se fusionaban y podían coexistir dentro de un recipiente humano.


- Eso no es verdad, en esta ciudad existe un ser idéntico a mí. - El hombre sonríe. Mientras que la pequeña mira enfadada el cielo. "Idéntico" en cuerpo pero no en mente... puede que exista una conexión al ser "uno" como puede que no por el pecado que ambas llevan en su alma.


- Solo el envase es idéntico. Pero dentro. - Coloca una mano en su pecho. - Son completamente distintas. - Sus labios se extienden otorgándole el placer de una bella sonrisa llena de sinceridad pero con un dejo de maldad, la burla podía ser parte de ella, pero sus ojos de niña solo podían ver a un hombre sonriéndole solo a ella... la "Elegida" de entre todos los humanos, "Ella" la que había logrado consumir una esencia tan poderosa como la de un monarca angelical...


- ¡Yo quiero verme distinta tanto dentro como por fuera padre! - Golpea el suelo con un pie. Tira con un poco de fuerza sus ondulados cabellos dorados a la luz del atardecer.


- Si eso es lo que quieres... - Toma el dorado cabello de la chica. - Ya no será dorado como el sol... si no que negro como la noche. - Sonríe y se endereza. - Debemos partir, nos esperan en casa.


- Sí. - La niña toma la mano de su padre. - ¿Que aras con la evidencia? Ellos sabrán que estuviste aquí. - La cabeza del mayor baja en dirección a ella.


- ¿Quieres hacer algo? - La niña asiente. - Pues adelante. - Se detiene para contemplar la escena final.

- Gracias por confiar en mí, no te fallare. - Sonríe y se gira. - Espérame un momento. - El mayor asiente. - ¡¡¡Señora!!! - La niña grita y la mujer con la que hablaba antes se sobresalta y observa como la chica se acerca a ella. - Perdón por no decirle mi nombre, es Anie ¿y el suyo? - Estira la mano esperando que la mujer la tome.


- Mi nombre es... - La mujer roza sus grandes dedos con los de la pequeña provocando una chispa que la sobresalta y la aleja. - Que fue eso...


- Perdón pero debo irme ahora… lamento las molestias que cause y que causare. – La mujer mira de manera extraña a la niña que se aleja corriendo por el lugar. Algo le arde mientras observa a la pareja alejarse.


- ¡¡Por Dios!! – Un hombre grita apuntando a la mujer. – Su mano se… ¡¡¡SE ESTA QUEMANDO!!! – Observa su mano comprobando que es verdad. – ¡¡TRAIGAN AGUA!!


- ¡¡¡MI MANOOO!!! – Grita desesperada. – ¡¡¡Que alguien, me ayude!!! – La gente se aleja. Pero unas chispas saltan de la mano prendiendo la ropa del resto de los presentes.


- ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!




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- ¡¡Por Dios!! – Duv se levanta de su asiento al sentir el dolor. – Algo está pasando en las calles. – Observa a Asriel beber tranquilamente de su copa de vino.


- Esto es algo que debía pasar. – Deja la copa en la mesa. – No podemos intervenir.


- Asriel…. – Pasos los sobresaltan y a la vez inconscientemente sus cabezas se giran en dirección a los pasos que cada vez hacen menos eco por el lugar.

- Perdón la demora, pero me Marie hace un momento y fui a mojarme el rostro. – Asriel observa a la niña. El síntoma de que estaba sintiendo como su otra parte utilizaba parte de sus poderes estaba despertando.


- Eso solo significa una cosa… Tienes hambre. - La niña asiente para luego apresurarse y sentarse en su lugar.


- ¡¡Esto se ve delicioso!! - La pequeña toma los cubiertos y comienza a comer con rapidez. Ambos la observan por un momento para luego mirarse directamente a los ojos.


- "¿Que aras?" - Asriel corta un trozo de carne. - "Asriel, ¡¡no puedes quedarte de brazos cruzados si el está lastimando a las personas!!" - Una mirada con un dejo de enojo lo hace callar.


- "No arruines esta comida 'familiar' querido Duv" - La niña los observa, al notar que ambos parecen querer atacarse con sus miradas, golpea intencionalmente uno de los cubiertos con su copa con agua.


- Lo lamento... - Los observa por pequeños segundos a los dos. - ¿Qué tal el día para ambos?


- Tranquilo, querida debes comer rápido e ir a dormir, mañana debes ir a la escuela.